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Presión sistólica alta con diastólica normal: hipertensión sistólica aislada

La hipertensión sistólica aislada es la situación en la que la cifra alta alcanza al menos 140 mmHg mientras la baja se mantiene por debajo de 90 mmHg. Pasados los 60 años es la forma más frecuente de hipertensión y se debe sobre todo a la rigidez de las arterias; en este grupo, dos grandes ensayos aleatorizados (SHEP, Syst-Eur) demostraron que el tratamiento reduce el riesgo de ictus en torno al 36-42 %. En adultos jóvenes, sobre todo varones altos, el panorama es más complejo: parte de los casos es aparente, pero los datos de cohortes muestran un mayor riesgo cardiovascular. Explicamos las causas, el significado y los siguientes pasos.

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Redakcja VitMode — Serce i układ krążenia — el equipo editorial de VitMode, sin autores individuales
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Elaborado a partir de fuentes primarias: ensayos clínicos, metaanálisis y guías. Describimos los resultados de los estudios por separado de nuestra interpretación.
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Revisión médica
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Índice

Cifra alta elevada, cifra baja normal: ¿qué significa? La respuesta corta

Una presión sistólica alta con diastólica normal es una hipertensión sistólica aislada (HSA): en las guías europeas la presión sistólica es de al menos 140 mmHg y la diastólica inferior a 90 mmHg (la guía estadounidense ACC/AHA de 2017 basó su definición en umbrales más bajos: al menos 130 y menos de 80 mmHg). En las personas mayores suele ser expresión de rigidez de las grandes arterias y requiere tratamiento, porque en ensayos aleatorizados reducir la presión disminuyó el número de ictus y de eventos cardiovasculares. En adultos jóvenes el significado de la HSA es menos claro y exige confirmación con mediciones domiciliarias o de 24 horas.

Este artículo trata la HSA como fenómeno: sus causas, su significado en distintos grupos de edad y qué hacer al respecto. La técnica de medición se aborda por separado en nuestros artículos sobre horarios y frecuencia de las mediciones, sobre tensiómetros de muñeca y de brazo y sobre la diferencia de presión entre los brazos; cómo bajar la presión sin fármacos se trata en nuestro artículo sobre métodos naturales. No es una guía de automedicación: las decisiones sobre medicamentos corresponden al médico.

¿Por qué sube la presión sistólica a partir de los 50-60 años? La rigidez de las arterias

Una aorta sana funciona como un depósito elástico. Durante la contracción del corazón se distiende y almacena parte de la sangre, y durante la relajación la cede a la periferia, suavizando la onda de presión. Con la edad, y también en la hipertensión, la diabetes o la enfermedad renal, las fibras de elastina se degradan y la pared del vaso se endurece. Una aorta rígida no 'amortigua' la onda de pulso: la presión sistólica sube rápido, y en la diástole cae más abajo porque el vaso ya no cede la energía almacenada. El resultado es la hipertensión sistólica aislada y una gran amplitud de presión. Además, una aorta rígida transmite una fuerte pulsación a órganos de baja resistencia vascular, como el cerebro y los riñones, lo que explica la relación con el ictus, la demencia y el deterioro de la función renal.

Cómo cambia con la edad el papel de los distintos componentes de la presión lo mostró el clásico estudio de Framingham, que siguió a más de 6500 personas durante 20 años.

La conclusión práctica: después de los 50 años no hay que tranquilizarse con una buena cifra 'baja'. Lo que más importa es el valor sistólico y la amplitud de la presión. Al mismo tiempo, una presión diastólica muy baja en una persona mayor con sistólica alta es señal de gran rigidez de la aorta y exige cautela al intensificar el tratamiento, como comentamos en la sección práctica.

Hipertensión sistólica aislada en adultos jóvenes: ¿aparente o peligrosa?

Otra situación afecta a personas de entre 18 y 40 años, sobre todo varones altos y delgados, en quienes la consulta registra, por ejemplo, 145/75 mmHg. Aquí la rigidez aórtica normalmente no es la causa principal. Una hipótesis apunta a una mayor amplificación de la onda de pulso en su camino de la aorta a la arteria braquial (amplificación de la presión de pulso): la presión central, es decir, en la aorta, es entonces normal, mientras que en la arteria braquial es más alta. Una segunda apunta a una mayor actividad simpática y a un estado hipercinético, con pulso rápido y gran volumen sistólico, a menudo intensificado por una reacción de alarma ante la visita al médico. Investigaciones posteriores han mostrado que la HSA en jóvenes es un fenómeno heterogéneo.

Dado que la HSA en jóvenes es heterogénea, es esencial confirmar el diagnóstico fuera de la consulta: con mediciones domiciliarias o con monitorización ambulatoria de la presión de 24 horas (MAPA). Si la presión media domiciliaria o de 24 horas es normal, se trata de hipertensión de bata blanca o aparente; si no, la HSA es real y merece una valoración adicional. De la diferencia entre la hipertensión de bata blanca y la verdadera tratamos en un artículo aparte.

¿Qué dicen los datos de riesgo en jóvenes? Cohortes de Chicago, Múnich y China

Todos estos estudios son observacionales, por lo que muestran una asociación y no demuestran que tratar la HSA en jóvenes mejore el pronóstico. Conviene recordar además que, entre las personas con HSA de estas cohortes, el tabaquismo, la obesidad y la hipercolesterolemia eran más frecuentes, de modo que parte del riesgo procede de factores acompañantes que se pueden modificar.

¿Compensa tratar la HSA? Pruebas de los ensayos SHEP y Syst-Eur

En personas mayores de 60 años la situación está mucho mejor documentada. Dos ensayos clásicos aleatorizados y controlados con establecieron el estándar de tratamiento de la hipertensión sistólica aislada.

Dos observaciones de interpretación. Primera, ambos ensayos incluyeron a personas con presión sistólica de al menos 160 mmHg, así que para el intervalo de 140-159 mmHg nos apoyamos en ensayos y guías posteriores que ampliaron las indicaciones, sobre todo en personas de mayor riesgo. Segunda, en estos ensayos la mortalidad total no disminuyó de forma significativa; el beneficio documentado fue la reducción de ictus y de eventos cardiovasculares. Esto no resta valor al tratamiento, pero permite esperar sus efectos de forma realista.

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Otras causas de una presión de pulso alta

La rigidez de las arterias es la causa más frecuente, pero no la única, de una gran amplitud de presión. Las causas secundarias clásicas que el médico considera, sobre todo en personas más jóvenes o cuando el cuadro es atípico, son: el hipertiroidismo (mayor gasto cardiaco), la insuficiencia de la válvula aórtica (parte de la sangre retorna al ventrículo en la diástole, por lo que baja la presión diastólica), la anemia grave, las fístulas arteriovenosas y los estados hipercinéticos asociados a fiebre, embarazo o ciertos fármacos y estimulantes. En esos casos tratar la causa suele normalizar la presión, por lo que un estudio razonable empieza con análisis sencillos y una exploración clínica del corazón.

Entre los factores que favorecen la HSA en adultos figuran también el exceso de peso y la resistencia a la insulina, demasiada sal en la dieta, el sedentarismo y el tabaquismo. Cómo influye la sal en la presión lo tratamos en nuestro artículo aparte sobre la sensibilidad a la sal, y el tiroides en nuestra ficha de la base de conocimiento sobre la TSH y las hormonas tiroideas. Todos estos factores pueden modificarse en parte.

¿Qué hacer cuando la presión sistólica es alta y la diastólica normal? Lista de comprobación

Las recomendaciones sobre la dieta DASH y la reducción de la sal se describen con más detalle en nuestra ficha de la base de conocimiento sobre la dieta DASH. En las personas con HSA tratadas con fármacos, el médico suele procurar llevar la presión sistólica a los valores objetivo vigilando con atención la diastólica y la tolerancia al tratamiento. Los umbrales y objetivos concretos dependen de las guías y del perfil de riesgo (en las guías ESC de 2024 la orientación general es alcanzar una presión sistólica de unos 120-129 mmHg si el fármaco se tolera bien), por lo que los fija el médico, no el paciente.

Mito: solo cuenta la presión baja

Mito

La presión diastólica es la más importante, y una sistólica alta no es peligrosa si la diastólica es normal.

Realidad

Esta creencia viene de una época en que se pensaba que la presión diastólica predecía mejor el riesgo. Los datos de Framingham muestran que la relación cambia con la edad: antes de los 50 años importa más la diastólica; después de los 60, la presión de pulso y la sistólica, y la diastólica se relaciona de forma inversa con el riesgo. En los ensayos SHEP y Syst-Eur, bajar la presión sistólica en personas con diastólica normal redujo de forma notable el número de ictus. Una cifra baja en una persona mayor con cifra alta no es, por tanto, señal de seguridad, sino a menudo señal de arterias rígidas.

¿Cuándo consultar al médico? Limitaciones y señales de alarma

Limitaciones. Los datos sobre adultos jóvenes son puramente observacionales y no resuelven si el tratamiento farmacológico de la HSA en este grupo mejora el pronóstico. Los ensayos SHEP y Syst-Eur incluyeron a personas de al menos 60 años con presión sistólica de al menos 160 mmHg, por lo que sus resultados no pueden trasladarse de forma mecánica a pacientes más jóvenes ni a valores de presión más bajos. En las cohortes el riesgo relativo es moderado y el absoluto a edad joven, bajo. Los umbrales diagnósticos difieren entre guías (140/90 mmHg en las europeas, 130/80 mmHg en las estadounidenses de 2017). Por último, las recomendaciones de la ESC están sujetas a actualización y algunas se basan en la opinión de expertos.

GrupoMecanismoPruebasConducta
Personas mayores de 60 añosRigidez aórtica, gran presión de pulsoEnsayos aleatorizados SHEP (ictus -36 %) y Syst-Eur (ictus -42 %)Tratamiento indicado; objetivos y fármacos los fija el médico
Adultos jóvenes (sobre todo varones altos)Amplificación de la onda de pulso, actividad simpática; rigidez en algunosCohortes: HR de muerte cardiovascular 1,2-1,9; sin ensayos aleatorizadosConfirmar con medición domiciliaria/MAPA; estilo de vida; decisiones individuales
Cualquiera con presión de pulso ampliaPosibles causas secundarias (tiroides, válvula aórtica, anemia)Conocimiento clínicoPruebas básicas y valoración cardiológica
Hipertensión sistólica aislada: resumen

Nuestra recomendación editorial

Una presión sistólica alta con diastólica normal no es una versión 'más suave' de la hipertensión. En mayores de 60 años es un factor de riesgo de ictus bien estudiado y que responde bien al tratamiento. En adultos jóvenes es una señal para comprobar primero que no se trate de un artefacto de la consulta y, después, si la HSA persiste, tomarla en serio y ocuparse de los factores sobre los que usted puede influir. En ambos grupos hay algo en común: base la decisión en mediciones fiables fuera de la consulta, no en una lectura aislada.

La diferencia entre la cifra alta y la baja dice más sobre la elasticidad de los vasos que cualquier número aislado. Si aumenta, no basta con alegrarse de una buena cifra baja: conviene preguntarse qué ocurre con las arterias.
Redacción de VitMode

Preguntas frecuentes

Es un estado en el que la presión sistólica (alta) es de al menos 140 mmHg mientras la diastólica (baja) permanece por debajo de 90 mmHg. En personas mayores de 60 años es la forma más frecuente de hipertensión y se debe sobre todo a la rigidez de las grandes arterias. Según los autores del ensayo Syst-Eur, afecta a alrededor del 15 % de las personas de al menos 60 años.

En personas mayores, sí: en los ensayos SHEP y Syst-Eur el tratamiento redujo el número de ictus en torno al 36-42 %. En adultos jóvenes el riesgo relativo en las cohortes está aumentado (por ejemplo, HR 1,23 en hombres y 1,55 en mujeres para la muerte cardiovascular en el estudio de Chicago), pero el riesgo absoluto es bajo, y algunos casos pueden ser aparentes y requerir confirmación fuera de la consulta.

Con más frecuencia por la rigidez de la aorta. Una aorta elástica almacena parte de la sangre en la sístole y la cede en la diástole, manteniendo la presión diastólica. Cuando la pared del vaso se endurece, la sistólica sube y la diastólica baja, de modo que la diferencia entre ambas (presión de pulso) se ensancha.

No hay ensayos aleatorizados que respondan a esta pregunta. Se recomienda confirmar el diagnóstico con mediciones domiciliarias o MAPA, valorar los factores de riesgo y cambiar el estilo de vida (sal, peso, actividad, alcohol, sueño). Si se inicia un fármaco lo decide el médico tras valorar el riesgo cardiovascular global.

Sí, sobre todo en jóvenes: una mayor actividad simpática y una reacción de alarma ante la visita médica pueden elevar la presión sistólica, como escribieron Saladini y Palatini. Por eso el diagnóstico debe basarse en mediciones domiciliarias o de 24 horas, no en una lectura aislada en la consulta.

Normalmente análisis de sangre básicos (hemograma, creatinina, glucosa, lípidos, TSH), un ECG y, si está indicado, un ecocardiograma (valoración de la válvula aórtica y de la hipertrofia del ventrículo izquierdo). El médico también puede solicitar una MAPA para valorar la presión de 24 horas. El conjunto de pruebas se determina de forma individual.

Sí. Limitar la sal, una dieta basada en verduras y frutas (por ejemplo, DASH), reducir el exceso de peso, la actividad física regular, limitar el alcohol y dejar de fumar reducen la presión sistólica y son el primer paso recomendado para la mayoría de las personas. En pacientes mayores con presión alta, normalmente no sustituyen a los fármacos, sino que los complementan.

Fuentes (7)

Las fuentes están numeradas. Las referencias de PubMed se verifican automáticamente (identificador, título, año).

  1. 1SHEP Cooperative Research Group 1991 — JAMAPubMed
  2. 2Staessen et al. 1997 (Syst-Eur) — The LancetPubMed
  3. 3Chirinos et al. 2019 (rigidez de las grandes arterias) — Journal of the American College of CardiologyPubMed
  4. 4Franklin et al. 2001 (Framingham) — CirculationPubMed
  5. 5Yano et al. 2015 — Journal of the American College of CardiologyPubMed
  6. 6Atasoy et al. 2022 (MONICA/KORA) — Journal of Human HypertensionPubMed
  7. 7Saladini y Palatini 2017 — High Blood Pressure & Cardiovascular PreventionPubMed
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